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13 de julio de 2012 • 17:42 • actualizado a las 17:46

Alejandra Azcárate se disculpa por escribir ofensiva columna

Alejandra Azcárate se disculpa por escribir ofensiva columna.
Foto: Oficial RCN
 

Luego de la polémica generada por la columna que escribió Alejandra Azcárate, 'Las 7 ventajas de la gordura', criticada y rechazada por ser considerada ofensiva y discriminatoria, su autora finalmente decidió pedir disculpas.

El medio que escogió para hacerlo fue su cuenta de Twitter, donde días anteriores y en repetidas ocasiones mencionó el inconveniente de forma jocosa.

- "De cuándo acá es una novedad decir que es mejor ser flaca que gorda? Si están tan felices así entonces qué alegan? Besos desde Paris".

- "Gracias por darle tanta importancia a lo que escribo. Increíble que un artículo light haya armado la gorda".

- "Congresistas, ladrones, sangre, fraude electoral, narcos de rumba y ustedes preocupados por qué dije que era mejor ser flaca que gorda? Que caricatura de PAÍS".

Las críticas a través del Twitter, las columnas de opinión y manifestaciones de indignación no se hicieron esperar, así como los chistes en contra de la actriz; algo que al parecer finalmente tuvo la respuesta esperada por muchos. 'De todo corazón, Perdón', así se titula la disculpa oficial de Alejandra Azcárate que se presenta a continuación.

'De todo corazón, Perdón'

Como no es novedad, mi anterior artículo fue el motivo de una gran polémica que hoy me impulsa a expresar por este medio la respuesta ante la inesperada situación generada en días pasados. Al escribir esa infortunada columna jamás imaginé el alcance que tendría. Nunca se pasó por mi cabeza redactar un texto ofensivo e irrespetuoso con la perversa intención de herir.

Pretendí de manera equivocada burlarme de lo que ha sido parte de mi realidad y supuse que al igual sería la de una gran cantidad de mujeres. Nunca lo que quise fue burlarme de ellas como en efecto se entendió. De manera sarcástica e irónica el propósito fue reírme de lo que yo misma viví en carne propia años atrás cuando subí de peso de manera considerable, pero mi intención jamás fue discriminar a un grupo específico de mujeres. Sin embargo, lo hice.

No soy nadie para juzgar ni tengo el derecho de hacerlo. Siempre he procurado a través de mi vida y de mi trabajo dignificar a la mujer en todos los aspectos. Soy fiel y vehemente defensora de nuestro género e incluso a través de la comedia me he convertido en una abanderada del mismo. Las mujeres han encontrado en mí una aliada, una vocera y una amiga. La base de mi labor siempre ha sido la alegría. Razón por la cual les reitero que muy lejos de mí estuvo la menor voluntad de herir a alguien con mis palabras como lo hice. En el humor existe una línea casi imperceptible entre la gracia y la ofensa. Yo la atravesé.

Al no haber enfatizado en primera persona la expresión de mi vivencia y mi opinión, caí en la ligereza innecesaria de generalizar, lo cual se prestó para todo tipo de interpretaciones y desembocó en una agresión masiva alejada de la intención inicial que tuvo el artículo a la hora de ser escrito.

Se ha especulado en las redes sociales que mi texto es un plagio. Respondo: no lo es. Si investigan encontrarán sin duda no solo un artículo sino centenares similares o casi idénticos al mío ya que es un tema que ha sido tocado por millones de personas en el mundo desde todos los puntos de vista posibles.

Me resultaría más fácil, hoy, afirmar que fue una vil copia y ampararme en la simple brutalidad de haber trascrito el texto de otro. No. La brutalidad fue ciento por ciento mía y por eso estoy aquí enfrentándola. Por principio no hablo de lo que no sé. Razón por la cual en el texto no existen términos como la obesidad, la bulimia o la anorexia. Son temas y enfermedades de suma trascendencia que solo deben ser tratados por expertos con el debido cuidado que se merecen. Yo hablé de la gordura. Algo que sí sé, que sí conozco y que sí viví.

Por eso repito que a la hora de escribir intenté plasmar esta vivencia de forma divertida porque sé que a muchas les ha pasado. Lastimosamente no fue la forma correcta. Hice descripciones demasiado explícitas, salidas de contexto y fuera de tono que resultaron peyorativas, agresivas y ofensivas.

Aclaro que no pretendo ser chistosa. De hecho no lo soy. Cuando la gente se ríe de lo que hago y digo es porque se siente identificada, no porque les cuente un chiste. Eso se lo dejo a quienes saben hacerlo, que no es mi caso. Mi estilo siempre ha estado enfocado en la sátira, el humor negro y el sarcasmo. Hoy acepto que se me fueron las luces, las manos, las patas y hasta el alma.

A lo largo de mi carrera como figura pública, nunca mi perfil se ha centrado en el aspecto físico ni he sobresalido por ser una mujer frívola o vacía, sino todo lo contrario. Siempre he buscado representar a la mujer real, a la verdadera, con fortalezas, debilidades, virtudes y defectos en todos los aspectos; guerrera, trabajadora incansable, defensora acérrima de sus ideales y valiente a la hora de hacer planteamientos ideológicos alejada de los parámetros preestablecidos.

Quienes me han seguido lo saben de sobra. No en vano, millones de ustedes me han regalado una sonrisa y muchas veces una carcajada ante la exposición de mis barbaridades porque se han visto plasmados en ellas. No ha habido para mí un mejor premio en estos años de trayectoria que su apoyo, lealtad y amor. Sin embargo, esta vez reconozco que me excedí. La forma sincera de expresarme rayó con la violencia verbal. Toqué fibras muy sensibles, les hice daño a miles de personas, herí sin querer y hoy con una honda tristeza me arrepiento.

Me culpo por haber tratado de manera irresponsable un tema que evidentemente destruye vidas. Es tan peligrosa la gordura extrema como la delgadez al límite. Por eso lejos de convertirme en el juez de un grupo y fomentadora del otro, lo que quise, de manera fallida, fue exponer lo que muchos hemos vivido, pensado y dicho en algún momento de la vida. El resultado fue nefasto. Con mi corazón destrozado, lo reconozco. Espero desde el sótano de mi alma que quienes se hayan visto directa o indirectamente perjudicados con aquel artículo puedan recibir con nobleza las más sinceras, honestas y profundas excusas que hoy con total humildad les ofrezco.

Merezco y acepto con dignidad la inconformidad, las expresiones de rechazo, los madrazos, los carterazos y el repudio en contra de aquel artículo que con torpeza redacté. Hoy más que nunca respeto y valoro el profundo cariño que el público siempre me ha profesado. Por eso espero jamás volver a defraudarlos.

Los triunfos regalan satisfacciones y los errores enseñan importantes lecciones. La más valiosa para mí después de haber pasado este trago tan amargo que yo misma me serví, fue el haber aprendido a medir mis palabras, a conocer su verdadero poder y a entender que la intención debe ir siempre adherida a la acción para no hacer daños innecesarios. De todo corazón, una y mil veces, Perdón.

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