Mujer

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27 de febrero de 2012 • 11:29

Dormir ocho horas seguidas es antinatural y un mito

La mayoría de los médicos todavía no reconocen que un sueño único de ocho horas puede no ser natural.
Foto: Getty Images
 

A menudo nos preocupa quedarnos desvelados durante la noche, sin saber que eso podría ayudarnos. Tanto la ciencia como la historia parecen confirmar cada vez más que ocho horas de sueño podrían ser antinaturales, publica BBC Mundo.

A principios de la década de los ’90, el psiquiatra Thomas Wehr realizó un experimento en el cual se dejaba a un grupo de personas en la oscuridad durante 14 horas cada día durante un mes.

Hizo falta tiempo para que el sueño se regulara, pero para la cuarta semana los individuos habían adquirido un patrón muy diferente: primero dormían durante cuatro horas y luego se despertaban durante una o dos antes de caer en otro sueño de cuatro horas.

Aunque los científicos del sueño quedaron impresionados por el estudio, la idea de que debemos dormir ocho horas consecutivas se mantiene entre el público general.

En 2001, el historiador Roger Ekirch del Virginia Tech, publicó un artículo que resultó premonitorio -basado en 16 años de investigación- que revelaba una enorme cantidad de pruebas históricas de que los humanos solían dormir en dos tramos de tiempo diferentes.

Su libro “At Day’s close: Night in the past” (La noche en el pasado) se publicó hace cuatro años y desenterraba más de 500 referencias de patrones de sueño segmentados, que había encontrado en diarios, libros de medicina y literatura y notas de tribunales, desde La Odisea de Homero hasta reseñas antropológicas de tribus modernas en Nigeria.

Como en el experimento de Wehr, esas referencias describen un primer sueño que empieza unas dos horas después del anochecer, seguido por un periodo de una o dos horas de vigilia y por un segundo sueño.

La historia del sueño

Durante el periodo de vigilia, esas personas estaban bastante activas. A menudo se levantaban, iban al baño, fumaban y algunos incluso visitaban a los vecinos. La mayoría de las personas se quedaban en la cama, leían, escribían y rezaban.

Y esas horas no eran completamente solitarias. La gente solía hablar con sus compañeros de cama o tener relaciones sexuales.

Un manual médico francés del siglo XVI incluso aconsejaba a las parejas que el mejor momento para concebir no era al final de un largo día de trabajo, sino “después del primer sueño”, cuando “se disfruta más y se hace mejor”.

Ekirch descubrió que las referencias al primer y segundo sueño empezaron a desaparecer a finales del siglo XVII. Esta tendencia se inicio en las clases altas de Europa del norte y a lo largo de 200 años se filtró al resto de la sociedad occidental.

Ya en 1920, la idea de un primer y segundo sueño había desaparecido por completo del imaginario colectivo.

Una de las razones de este cambio, según el experto, se debió a las mejoras en el alumbrado público, la llegada de la electricidad a las casas y la proliferación de salones de café, que en ocasiones estaban abiertos toda la noche.

Cambio de patrón

Hoy, la mayoría de las personas parecen haberse adaptado bastante bien a dormir ocho horas, pero Ekirch cree que muchos de los problemas del sueño tienen sus raíces en la preferencia del cuerpo humano por segmentar el sueño, así como en la omnipresencia de la luz artificial.

Esto, sugiere, podría ser el origen de un trastorno llamado “insomnio de mantenimiento”, en el que los afectados se despiertan durante la noche y tienen problemas para volverse a dormir.

Esa condición fue descrita por primera vez en la literatura de finales del siglo XIX, al tiempo que el sueño segmentado desaparecía.

“Durante la mayor parte de nuestra evolución hemos dormido de una manera determinada”, señala el psicólogo del sueño Gregg Jacobs. “Despertarse durante la noche es parte normal de la psicología humana”.

La idea de que debemos de dormir en un único bloque podría ser perjudicial, dice, si eso hace que la gente se despierte por la noche ansiosa. Esa ansiedad, agrega, puede impedir a algunos volver a dormirse y es posible que se extienda al resto de la vida.

Russel Foster, profesor de neurociencia circadiana (sobre el reloj biológico) en la Universidad de Oxford comparte ese punto de vista.

“Muchas personas se despiertan por la noche con pánico”, afirma. “Les digo que lo que experimentan es una reminiscencia del patrón de sueño partido”.

Problemas del sueño

Pero la mayoría de los médicos todavía no reconocen que un sueño único de ocho horas puede no ser natural.

“Más del 30% de los casos que los doctores enfrentan radican directamente o indirectamente del sueño. Pero ese tema ha sido ignorado en la educación médica y hay muy pocos centros en los que se estudia”, comenta.

Jacobs sugiere que los periodos entre sueños, en la época en que la gente se imponía periodos de descanso, podrían haber tenido un papel importante en la capacidad de los humanos para regular el estrés de forma natural.

En sus hallazgos históricos, Ekirch encontró que la gente usaba ese tiempo para meditar sobre sus sueños.

“Hoy empleamos menos tiempo en esas cosas”, dice Jacobs. “No es una coincidencia que, en la vida moderna, el número de gente que padece ansiedad, estrés, depresión, alcoholismo o drogadicción haya crecido”.

De modo que, la próxima vez que se despierte en mitad de la noche, piense en sus antepasados de la época preindustrial y relájese. Quedarse tumbado despierto puede ser bueno.

Las etapas del sueño

Cada 60 - 100 minutos pasamos por un ciclo de cuatro etapas del sueño:

Etapa1: estado de relajación entre estar despierto y dormir. La respiraciónse hace más lenta y los músculos se relajan. La frecuencia cardíaca disminuye.
Etapa 2: sueño un poco más profundo. Podemos sentirnos despiertos y estar dormidos sin saberlo.
Etapa 3 y Etapa 4, o sueño profundo: es muy difícil despertar de un sueño profundo, momento en que el cuerpo tiene su actividad más baja.
Después del sueño profundo, volvemos a la etapa 2 durante unos minutosy luego entramos en el sueño de los sueños -también llamada fase REM (movimiento ocular rápido) del sueño-que, como su nombre indica, es cuando se sueña.

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