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El yoga y su relación con los deseos íntimos

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El yogui John Friend, fundador del estilo de yoga Anusara está en aprietos. Lo acusaron de promiscuidad con alumnas y empleadas suyas, lo que derivó en el más reciente escándalo sexual de yoga en EEUU.
 

Mientras investigan, Friend decidió dejar su cargo y darse un tiempo de "autoreflexión, terapia y retiro personal".
Pero esta no es la primera vez que en el mundo del yoga se cuela el deseo. Estas revolturas están en el ADN del yoga, que partió como un culto sexual.


La rama del Hatha Yoga comenzó como un apéndice del Tantra.
En la India Medieval, los devotos del Tantra trataron de fusionar aspectos masculinos y femeninos del cosmos “para llegar a un estado de felicidad permanente”. El rito tántrico incluía sexo en grupos y uno de los textos aconsejaba venerar el órgano sexual femenino y disfrutar de una relación vigorosa.


Sólo a principio del Siglo XX al yoga se le dio el énfasis de salud y fitness que conocemos hoy. Fue BKS Iyengar, autor de la "La Luz sobre el yoga" (1965) quien afirmó que  con una práctica constante se podrían curar unas 100 dolencias y enfermedades.
Tras una clase, las regiones pélvicas se vuelvan más sensibles y los orgasmos se sienten más intensos. Además, científicos de Rusia e India han medido el incremento de la testosterona. Asimismo, pruebas realizadas con encefalogramas demuestran que las posturas generan estallidos de ondas cerebrales parecidas a las que provoca el sexo en los amantes. Hombres y mujeres reportan mejoras en su vida sexual, placer y satisfacción, así como cercanía emocional.
 

En la Universidad de Rutgers comprobaron como el yoga fortalece la felicidad autoerótica, llegando incluso a un estado de éxtasis sensual, fenómeno conocido como orgasmo espontáneo. La poca ropa, el sudor y la conexión cuerpo-mente potencia este Nirvana.
 

 

 

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