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- En un momento en el que el sexo es tan fácil de conseguir parece que ha perdido su valor real. Las webs de contactos, los foros, los clubes liberales, los amigos con derechos, jóvenes emparejados con ganas de tener aventuras infieles,... Foto: Thinkstock
- Existe una corriente muy marcada que apoya la idea de desvincular el sexo de la pareja estable y promover este tipo de relaciones en las que la falta de compromiso es una clave fundamental. Foto: Thinkstock
- Frente a ella, existe otra corriente promovida por celebridades como Lady Gaga - ícono de la música del s.XXI- o Robert Pattison -protagonista de la serie Crepúsculo- que defienden la filosofía de no tener sexo sino es con amor. Hay quien duda de que solo sean estrategias de marketing o para hacerse un hueco en el mercado. Foto: Thinkstock
- ¿Sexo con compromiso o sin él? Las ideas que apoyan el sexo en pareja frente al de los rollos esporádicos o sin compromiso están en la linea de la calidad potenciada por el conocimiento mutuo, la confianza, lo emocional, y la salud. Delante están los conceptos que apoyarían la promiscuidad que serían la variedad, la falta de compromiso como sinónimo de libertad, el romper con la rutina, la comunicación con otros,... Foto: Thinkstock
- Analizando las respuestas dadas por la gente que defiende una u otra postura sale a la luz la actual mala fama que puede tener los conceptos amor, compromiso, fidelidad, responsabilidad. Foto: Thinkstock
- O el hecho de decir que no se tiene sexo, como si fuera obligatorio tener y, cuanto más, mejor. Existen personas que tienen que tener múltiples relaciones sexuales dentro de su ámbito para que sus compañeros no piensen que son 'gay'. Foto: Thinkstock
- Es decir, somos miembros de una sociedad consumista, y hemos convertido el sexo en eso, en un producto de consumo. Otros conceptos inconfesables, pero que están excesivamente presentes en nuestro entorno, son el querer sentirse acompañados -como antónimo de solos-, acariciados -como sinónimo de recibir afecto-, para hacer crecer el ego a través de algo que es un logro socialmente valorado. Foto: Thinkstock
- Sexo y amor. En las primeras fases del enamoramiento no existe una predilección concreta por el objeto deseado. En el hombre pesa la testosterona y en la mujer el ciclo menstrual. Foto: Thinkstock
- Si aparece "la persona" se dispara el sistema dopaminérgico que es el relacionado con la recompensa, por lo que tenderemos a querer repetir. El noradrenérgico, que es el que dispara la obsesión. Y el serotoninérgico, es decir, que estamos de buen humor. En resumen, que el sexo enamorado es una bomba hormonal, química. Foto: Thinkstock
- Superada esta etapa vendría el sexo con amor. En él existe un conocimiento mutuo, un saberse dar placer, más tranquilo. Pero ahí es fácil caer en la rutina, que es una muy mala amiga del sexo comprometido. Si se cae en el aburrimiento ¡Cuidado! Foto: Thinkstock
- Para evitar la rutina en el sexo en una relación larga y duradera es importante estar en constante búsqueda de nuevas variables. Hay que recurrir a activar el sistema dopaminérgico que se despierta con la novedad. Foto: Thinkstock
- Sexo esporádico y satisfacción. En cuanto a quien tiene mayor afinidad por el sexo esporádico, en una encuesta realizada con 1.800 personas de ambos géneros, se vio que la satisfacción entre los hombres era del 80 por ciento, mientras que para las mujeres bajaba hasta el 54%. En ello intervienen conceptos como la peor reputación que tiene una mujer promiscua frente a un hombre promiscuo (aún hoy en día), cuestiones biológicas, o antropológicas. Foto: Thinkstock
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En un momento en el que el sexo es tan fácil de conseguir parece que ha perdido su valor real. Las webs de contactos, los foros, los clubes liberales, los amigos con derechos, jóvenes emparejados con ganas de tener aventuras infieles,...
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